Profesión Solemne de la hermana Gabriela María del Buen Pastor en las Clarisas de El Toboso

Profesión Solemne de la hermana Gabriela María del Buen Pastor en las Clarisas de El Toboso
Estuvo acompañada de sus padres, Juan David y Beatriz, y de sus tres hermanos y familia que viajaron desde Asunción (Paraguay) hasta la Patria de Dulcinea para acompañar a su hija.
EL TOBOSO / 15 JUN ■ InfoParroquia.- El pasado sábado, 13 de junio, y en el marco del Año dedicado a la Vida Consagrada que la Iglesia universal celebra este año, la hermana Gabriela María del Buen Pastor profesó solemnemente sus votos dentro de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara en el Convento de la Concepción y San Benito de El Toboso (Toledo).
La celebración estuvo presidida por el P. Fr. Emilio Rocha Grande, O.F.M., del Convento de las Franciscanos de Murcia y junto a él concelebraron una quincena de sacerdotes y frailes, entre los que se encontraba el P. Zacarías Martínez, de la Arquidiócesis de Asunción (Paraguay), quien han sido Padre Espiritual de sor Gabriela desde su más tierna infancia. También, el P. Fr. José Álvarez, O.F.M., encargado de la formación y acompañamiento vocacional de la nueva hermana desde su llegada al convento de El Toboso, en al año 2008. Y  los sacerdotes D. Juan Miguel Romeralo y D. Eduardo Toledo, capellanes de los conventos toboseños de clarisas y trinitarias respectivamente.
Hasta la Iglesia conventual de las Clarisas acudieron bastantes consagrados y consagradas de otras órdenes y congregaciones religiosas, manifestando de esta forma la diversidad de carismas y formas de consagración que existen dentro la Iglesia, además de las monjas de otros monasterios que integran la Federación de Clarisas y que acompañaron a sor Gabriela, como son Alcalá de Henares, Toledo, Ocaña, Madridejos, Villarubia, etc. Y junto a esta gran familia, estuvieron también presentes un profuso grupo de amigos y amigas de la de comunidad toboseña que tomaron parte activa de la celebración por medio de los cantos, miembros de Orden Franciscana Seglar y fieles toboseños que se acercaron a compartir este momento tan especial para las monjas de El Toboso.
La hermana Gabriela estuvo acompañada en todo momento por sus padres, Juan David y Beatriz, que hicieron las veces de padrinos de profesión, y sus tres hermanos, venidos de desde Paraguay para este acontecimiento tan especial. También hubo una representación oficial del país de origen de sor Gabriela por medio de la persona del Embajador del Paraguay en España. Sr. D. Antonio Rivas Palacios, acompañado de su señora, Marta de Rivas,
de la Ministra de Cultura en la embajada española del país guaraní, Dª. María Amarilla Acosta, y de la Cónsul  Sra. María Concepción Domínguez. Finalmente, cerró este capítulo de representaciones D. Marciano Ortega, quien esa misma mañana concluyó con sus funciones como Alcalde de la Patria de Dulcinea.
La celebración comenzó a las 12:00 horas del medio día con un gesto muy emotivo. Antes de dar comienzo la Santa Misa y en el atrio del templo, los padres de la hermana Gabriela impusieron sobre ella sus manos y oraron mientras el coro entonaba el canto “Shemá Isarel”: Escucha Israel el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6,4-9). Otro momento emocionante fue la postración de la hermana en tierra mientras la asamblea invocaba a todos los santos, antes de que sor Gabriela pronunciase su fórmula profesión delante de la Madre Abadesa, sor María Sagrario, que juntas rubricaron dicho documento en la Altar de la Iglesia conventual. Una vez consagrada, la hermana Gabriela recibió las insignias de la profesión, la alianza y la corona. Y, de forma especial, un manuscrito con la bendición del Papa Francisco, lo que provocó las lágrimas de la nueva hermana profesa solemne.
Homilía
El P. Fr. Emilio Rocha, invitó a todos los presentes a Dios «por permitirnos participar en este, que podemos llamar sin rubor, “magnífico acontecimiento eclesial” Y es que vamos a ser testigos de la entrega definitiva al Señor de nuestra hermana Gabriela […] Ella y por pura gracia, ha sentido en su corazón la llamada de Diosa amarle plenamente y el deseo de entregarse totalmente a Él. Y puede hacer verdaderamente suyas las palabras de nuestra hermana y madre Santa Clara: “dichosa, en verdad, aquella a la que se le ha dado apegarse con todas las fibras del corazón a Aquel cuya belleza admiran son cesar los bienaventurados ejércitos celestiales; cuyo amor enamora, cuya contemplación reanima, cuya suavidad colma y cuyo recuerdo ilumina suavemente” ( IV CtaCl 9-12).»
«La vocación a la vida contemplativa es un regalo inmerecido. Sin duda, hoy resuenan de modo particular en el corazón de sor Gabriela las palabras que hemos escuchado en la primera lectura: “antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré (Jer 1,4-9)” Pero, Dios espera que recibamos su regalo con agradecimiento, y el mejor modo de hacerlo es con una respuesta total de entrega; ésa que Santa Clara pide a sus hermanas: “mira atentamente, considera, contempla, con el deseo de imitarle, a tu Esposo, el más hermoso de los hijos de los hombre, hecho para tu salvación el más vil de los hombres (2CtaCl, 15)” y también “Si sufres con Él, reinarás con Él; si lloras con Él, gozarás con Él; si mueres con Él en la cruz de la tribulación, poseerás con Él las mansiones celestes en el esplendor de los santos” (2CtaCla, 21).»
«Sor Gabriela ha escuchado en el ilencio de su corazón, como dirigidas personalmente a ella, las palabras que hemos escuchado en el salmo responsorial: “escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna, prendado está el rey de tu belleza, póstrate ante Él, que Él es tu Señor (Sal 44,11-12) Y ella ha respondido haciendo suyas las palabras de Santa Clara: “ama totalmente al que totalmente se ha entregado por nuestro amor (3CtaCl, 15) […] expresión definitiva de su respuesta de amor al amor de Dios; no se trata de una acto irreflexivo o inconsciente. Ella es muy consciente de su fragilidad personal, pero también sabe por experiencia que se puede fiar de la gracia de Dios. Sin duda, puede hacer suyas las palabras de san Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura: “ese tesoro –él de la vocación– lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una gracia tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros (2 Cor 4,1-15) Sólo así, apoyada en la fidelidad inquebrantable de Dios, es posible desempeñar la propia palabra y entregar la propia vida.»
«No todos pueden aceptar esto», afirmó el P. Rocha. «La vocación a la vida contemplativa tiene mucho de excepcional y es, por tanto, muy difícil de entender para una cultura que sólo valora lo que podemos palpar con los sentidos y tocar con nuestras manos. Para entender la vocación de sor Gabriela hay que entrar en el camino de la fe. Y por este camino, descubrir que sí somos criaturas de Dios; si Dios es la fuente del amor y de la vida, cuánto más directa, más prolongada y más íntima sea nuestra relación con Él, tanto mayor será nuestra felicidad y más fecunda será nuestra vida. Para quien cree que la felicidad sólo consiste en la posesión egoísta de bienes materiales, la vocación de sor Gabriela  es una locura. Sin embargo, para quien vive en la fe, para quien ha conocido a Jesucristo y ha descubierto en Él la perla preciosa, es una vocación que se convierte en un signo del amor absoluto de Dios, que ayuda y muestra a la Iglesia entera llamada también toda ella a la santidad, a descubrir cuál es su meta definitiva.»
«Sólo una gracia especial de Dios, como la que ha recibido sor Gabriela, puede hacer posible este deseo íntimo de unión exclusiva con Dios, renunciando a muchos bienes terrenales y a muchos amores humanos. Sólo un amor muy grande, un amor y un gozo que supera todos los amores y gozos de este mundo, puede explicar las renuncias tan grandes. Es un amor que llena de dicha y que queda marcado de forma indeleble en el corazón.»
Después, el P.Rocha pasó a explicar estas renuncias por medio de la reflexión de los consejos evangélicos que sor Gabriela iba a prometer. «Vivir la castidad es la proclamación de que Dios es el único centro de tu corazón; sólo Él es capaz de colmar plenamente tu capacidad de amar y ser amada; sólo Él puede llenar de sentido todas las fibras de tu existir. Por eso, con todas las fuerzas que brotan de un corazón enamorado no quiere tener otro esposo que al Señor crucificado y glorioso.»
«Vivir sin nada propio, reconociendo que tu gran tesoro es Dios y su amor, siguiendo a Jesucristo pobre y crucificado, y no queriendo nunca ser más que tu Maestro; también tú deseas trabajar con tus manos, vivir pobremente y compartir con los hermanos más necesitados los frutos de tu trabajo […] Vivir en obediencia, pendiente día y noche de la voluntad siempre amada de Dios, para no dar ni un solo paso fuera de ese designio de amor. Tu obediencia es la del Señor Jesús. Él, por la obediencia a la voluntad del Padre, se entregó hasta ofrecerse la muerte, y muerte de cruz, alcanzándonos por su actitud obediente el perdón de los pecados y la comunión plena con su Padre Dios.»

 

«Vivir en clausura, haciendo del recinto del convento el lugar privilegiado para tu encuentro amoroso con Aquel que ha seducido tu corazón y al que Santa Clara canta apasionadamente en sus escritos: “que no busca la vida de fuera porque la del espíritu es mejor” […] Y todo ello viviendo en fraternidad. Reconociendo en todas y cada una de las hermanas que Dios ha puesto a tu lado un regalo precioso y un estímulo para tu fidelidad. Las hermanas, que no son simplemente testigos del acto que sor Gabriela se dispone a realizar, son simultáneamente compañeras de camino, estímulo de a la fidelidad, apoyo en la dificultad, palabra de corrección en el error y coherederas del mismo Reino.»
«Y orientado todo a la existencia desde la oración, desde el encuentro personal con el Señor; haciendo de Él, en todo
momento y circunstancia, el centro afectivo y efectivo de tu vida; y, desde ahí, sentirte “cooperadora del mismo Dios y sostenedora de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable que caen” (3CtaCl 8).»
Finalmente, el P. Rocha, quisco concluir sus palabras con nuevo agradecimiento a Dios por la llamada especial que el
Señor ha hecho a Gabriela. También, «damos gracias a Dios por sus padres y su familia que ofrecen al Señor el sacrificio de entregar a su hija para su servicio y alabanza. Tened la seguridad –dijo el franciscano– de que Dios os
recompensará con el ciento por uno, participando con ella en su felicidad y en la alegría de darse por entero al Señor.»
Agradecimiento
Por su parte, la hermana Gabriela, tras escuchar el canto de invocación a la Virgen que interpretó su padre Juan David, quiso tener unas palabras para con todos los presentes, expresando un profundo sentimiento de agradecimiento a Dios, a su familia, a los sacerdotes que la han acompañado durante su discernimiento vocacional y, sin duda, a la comunidad de sus hermanas clarisas de El Toboso. También, sus familiares difuntos, en especial su abuela. «Quiero que ayudada de vuestra oración y presencia –dijo sor Gabriela– hacerme yo “buen pastor” para otros, hacerme prolongación de su Presencia entre aquellos que aún no le conocen o se han alejado de Él. Deseo desde este Convento andar un recorrido como madre orante, cooperadora y sostenedora de los miembros vacilantes de la Iglesia, según palabras de mi madre Santa Clara. Muchas gracias a todos.» Y la asamblea prorrumpió con un fortísimo aplauso dándose por concluida esta celebración.
FOTOS:
© Julio Caballero, O.F.M., 2015
001 a 008.- Diversos momentos de la celebración.
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